Invocar aliados

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN, Una forma Yaqui de conocimiento. F.C.E.  1974 México.

En el contexto específico de sus enseñanzas, don Juan relacionaba el uso de la Datura inoxia y la Psilocybe mexicana con la adquisición de poder, un poder que él llamaba un “aliado”. Relacionaba el uso de la Lophophora williamsii con la adquisición de sabiduría, o conocimiento de la buena manera de vivir.

‑Hay limites para esos modos de poder ‑prosiguió‑. Pero de esto yo tengo la seguridad que no entiendes ni una palabra. A mi me ha llevado casi una vida entender que, por sí solo, un aliado puede revelar todos los secretos de esos poderes menores y volverlos cosa de niños. Yo tuve herramientas así en un tiempo, cuando era muy joven.

‑Debes tener en cuenta que el maíz pinto es un simple instrumento, no un aliado ‑dijo‑. Cuando hayas hecho esa distinción no tendrás problema. Pero si consideras que esas herramientas son supremas, serás un tonto.

‑¿Son los objetos de poder tan poderosos como un aliado? ‑pregunté.

Don Juan rió desdeñoso antes de contestar. Parecía estar esforzándose por tenerme paciencia.

‑El maíz pinto, los cristales y las plumas son simples juguetes en comparación con un aliado ‑dijo‑. Un hombre necesita objetos de poder sólo cuando no tiene un aliado. Buscarlos es perder el tiempo, sobre todo para ti. Tú deberías tratar de ganarte un aliado; cuando lo logres comprenderás lo que te estoy diciendo ahora. Los objetos de poder son como juego de niños.

‑No me entienda mal, don Juan ‑protesté‑. Por supuesto que quiero tener un aliado, pero también quiero saber todo lo que pueda acerca de los objetos de poder. Usted mismo ha dicho que saber es poder,

‑¡No! ‑dijo categórico‑. El poder depende de la clase de saber que se tenga. ¿De qué sirve saber cosas que no valen la pena?

En el sistema de creencias de don Juan, la adquisición de un aliado significaba exclusivamente la explotación de los estados de realidad no ordinaria que produjo en mí usando plantas alucinógenas.

Declaró luego su intención de enseñarme lo que es un “aliado” en la misma forma exacta como su benefactor se lo había enseñado a él. Recalcó con fuerza las palabras “misma forma exacta.”, repitiendo la frase varias veces.

Un “aliado”, dijo, es un poder que un hombre puede traer a su vida para que lo ayude, lo aconseje y le dé la fuerza necesaria para ejecutar acciones, grandes o pequeñas, justas o injustas. Este aliado es necesario para engrandecer la vida de un hombre, guiar sus actos y fomentar su conocimiento. De hecho, un aliado es la ayuda indispensable para saber. Don Juan decía esto con gran convicción y fuerza. Parecía elegir cuidadosamente sus palabras. Repitió cuatro veces la siguiente frase:

‑Un aliado te hará ver y entender cosas sobre las que ningún ser humano podría jamás iluminarte.

‑¿Es un aliado algo parecido a un espíritu guardián?

‑No es ni espíritu ni guardián. Es una ayuda.

‑¿Es Mescalito el aliado de usted?

‑¡No! Mescalito es otra clase de poder. ¡Un poder único! Un protector, un maestro.

‑¿En qué se diferencia Mescalito de un aliado?

‑A Mescalito no se le puede domar y usar como se doma y se usa a un aliado. Mescalito está fuera de uno mismo. Escoge mostrarse en muchas formas a quienquiera que tenga enfrente, sin importarle que sea un brujo o un peón.

En cambio, dijo don Juan, la adquisición de un aliado requería la enseñanza más precisa y el seguir, sin desviación, una serie de etapas o pasos. Hay muchos de esos poderes aliados en el mundo, dijo, pero él sólo conocía bien dos de ellos. E iba a guiarme a ellos y a sus secretos, pero de mí dependía escoger uno de los dos, pues sólo uno podía tener. El aliado de su benefactor estaba en la yerba del diablo, dijo, pero a él en lo personal no le gustaba, aunque gracias al benefactor sabía sus secretos. Su propio aliado estaba en el “humito”, dijo, pero no concretó la naturaleza del humo.

Inquirí al respecto. Permaneció callado. Tras una larga pausa le pregunté:

-¿Qué clase de poder es un aliado?

‑Ya te dije: es una ayuda.

‑¿Cómo ayuda?

‑Un aliado es un poder capaz de llevar a un hombre más allá de sus propios límites. Así es como un aliado puede revelar cosas que ningún ser humano podría.

‑Pero Mescalito también lo saca a uno de sus propios límites. ¿No lo convierte eso en un aliado?

‑No. Mescalito te saca de ti mismo para enseñarte. Un aliado te saca para darte poder.

Pero por otra parte, pese a lo atemorizante que sea el aprender, es más terrible pensar en un hombre sin aliado o sin conocimientos.

Pasaron más de dos años entre el tiempo en que don Juan decidió instruirme acerca de los poderes aliados y el tiempo en que me consideró listo para aprender sobre ellos en la forma pragmática y partícipe que él consideraba aprendizaje; en dicho lapso definió gradualmente las características generales de los dos aliados en cuestión. Me preparó para el corolario indispensable de todas las verbalizaciones y la consolidación de todas las enseñanzas: los estados de realidad no ordinaria.

Al principio, se refería de un modo muy casual a los poderes aliados. Las primeras menciones, en mis notas, están intercaladas entre otros temas de conversación

Miércoles, 23 de agosto, 1961

‑La yerba del diablo [toloache] era el aliado de mi benefactor. Podría haber sido también el mío, pero no me gustó.

‑¿Por qué no le gustó la yerba del diablo, don Juan?

‑Tiene una desventaja seria.

‑¿Es inferior a otros poderes aliados?

‑No. No me estás entendiendo. La yerba del diablo es tan poderosa como el mejor de los aliados, pero tiene algo que a mí en lo personal no me gusta.

‑¿Me puede decir qué es?

‑Malogra a los hombres. Los hace probar el poder demasiado pronto, sin fortificar sus corazones, y los hace dominantes y caprichosos. Los hace débiles en medio de gran poder.

‑¿No hay alguna manera de evitarlo?

‑Hay una manera de superar todo esto, pero no de evitarlo. Quien se hace aliado de la yerba debe pagar ese precio.

‑¿Cómo puede uno superar ese efecto, don Juan?

‑La yerba del diablo tiene cuatro cabezas: la raíz, el tallo y las hojas, las flores, y las semillas. Cada una es diferente, y quien se haga su aliado tiene que aprenderlas en ese orden. La cabeza más importante está en las raíces. El poder de la yerba del diablo se conquista por las raíces. El tallo y las hojas son la cabeza que cura enfermedades; bien usada, esta cabeza es un don a la humanidad. La tercera cabeza está en las flores y se usa para volver locos a los hombres, o para hacerlos obedientes, o para matarlos. El hombre que tiene a la yerba de aliado nunca torna las flores, ni tampoco toma el tallo y las hojas, a no ser que esté enfermo, pero las raíces y las semillas se toman siempre, sobre todo las semillas: son la cuarta cabeza de la yerba del diablo, y la más poderosa de todas.

‑¿Por qué no llegó su benefactor a los secretos de la cabeza sobria?

‑Domar la yerba del diablo para hacerla un aliado es una de las tareas más difíciles que conozco. Ella y yo, por ejemplo, jamás nos hicimos alianza, quizá porque nunca le tuve cariño.

‑¿Puede usted usarla todavía como aliado, aunque no le tenga cariño?

‑Puedo, sólo que prefiero no hacerlo. Tal vez contigo sea diferente.

‑¿Por qué se llama yerba del diablo?

Don Juan hizo un gesto de indiferencia, alzó los hombros y permaneció callado algún tiempo. Finalmente dijo que “yerba del diablo” era su nombre de leche. Había, añadió, otros nombres para la yerba del diablo, pero no debían usarse porque el pronunciar un nombre era asunto serio, sobre todo si uno estaba aprendiendo a domar un poder aliado. Le pregunté por qué el pronunciar un nombre era cosa tan grave. Dijo que los nombres se reservaban para usarse sólo al pedir ayuda, en momentos de gran apuro y necesidad, y me aseguró que tales momentos ocurren tarde o temprano en la vida de quien busca el conocimiento.

‑¿Puede su aliado protegerlo de ella? (De la bruja Catalina que quería matarlo.)

‑¡No! El humito nada más me dice qué hacer. Luego yo debo protegerme solo.

‑¿Y Mescalito? ¿Puede protegerlo de ella?

‑¡No! Mescalito es un maestro, no un poder que se use por motivos personales.

‑¿Y la yerba del diablo?

‑Ya te dije que debo protegerme solo, siguiendo las indicaciones de mi aliado el humito. Y hasta donde yo sé, el humito puede hacer cualquier cosa. Si quieres saber de lo que sea, el humo te dice. Y no sólo te da conocimiento, sino también los medios para proseguir. Es el aliado más maravilloso que un hombre pueda tener.

‑¿Es el humito el mejor aliado posible para todo el mundo?

‑Todos nosotros no somos iguales. Muchos le tienen miedo y no lo tocan, ni siquiera se le acercan. El humito es como todo lo demás; no se hizo para todos nosotros.

‑¿Cómo podría volverse contra usted si es su aliado?

Mi pregunta pareció alterar el curso de sus pensamientos. Pasó largo rato sin hablar.

La dificultad de los ingredientes ‑prosiguió de súbito- hace a la mezcla de fumar una de las sustancias más peligrosas que conozco. Nadie puede prepararla sin que le enseñen. ¡Es veneno mortal para cualquiera que no sea el protegido del humito! La pipa y la mezcla deben tratarse con extremo cuidado. Y el hombre que trata de aprender debe prepararse llevando una vida dura, tranquila. Los efectos son tan terribles que sólo un hombre fuerte puede soportar la más pequeña fumada. Al principio todo es aterrador y confuso, pero cada fumada define más las cosas. ¡Y de pronto el mundo se abre de nuevo! ¡Increíble! Cuando esto sucede, el humito se ha hecho aliado de uno y le resolverá cualquier problema permitiéndole entrar en mundos inconcebibles.

“Esta es la mayor propiedad del humito, su mayor don. Y lleva a cabo su función sin dañar en lo más mínimo. ¡Yo llamo al humito un verdadero aliado!”

‑Esta pipa me la dio mi benefactor ‑dijo-. A su tiempo yo te la pasaré a ti. Pero primero debes conocerla. Cada vez que vengas te la daré. Empieza por tocarla. Agárrala un rato muy corto, al principio, hasta que tú y la pipa se acostumbren el uno al otro. Luego métela en tu bolsa, o acaso en tu camisa. Y finalmente póntela en la boca. Todo esto se hace poco a poco, despacio y con tiento. Cuando la amistad está hecha, fumas en ella. Si sigues mi consejo y no te apuras, a lo mejor el humito se hace también tu aliado preferido.

La primera vez que fumes, yo te encenderé la pipa. Fumas toda la mezcla del cuenco y esperas. El humito vendrá. Lo sentirás. Te dará libertad de ver todo cuanto quieras ver. Hablando con propiedad, es un aliado sin rival.

‑Pero ¿qué tiene que hacer para evitar la derrota?

-Debe hacer lo que hizo con el miedo: debe desafiar su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión. No será solamente un punto delante de sus ojos. Ése será el verdadero poder.

“Sabrá entonces que el poder tanto tiempo perseguido es suyo por fin. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡el poder!

‑La yerba del diablo nunca ha protegido a nadie. Sólo sirve para dar poder. Mescalito, en cambio, es manso, como un niñito.

‑Pero dijo usted que Mescalito es a veces aterrador.

‑Claro que es aterrador, pero una vez que lo conoces es manso y bondadoso.

‑¿Cómo muestra su bondad?

‑Es un protector y un maestro.

‑¿Cómo protege?

‑Puedes guardarlo contigo a toda hora y él verá que nada malo te ocurra.

‑¿Cómo puede uno guardarlo consigo a toda hora?

‑En una bolsita, amarrada con un cordón debajo del brazo o alrededor del cuello.

‑¿Lo tiene usted consigo?

‑No, porque yo tengo un aliado. Pero otra gente si.

‑¿Qué enseña?

‑Enseña a vivir como se debe.

‑¿Cómo enseña?

‑Enseña las cosas y te dice lo que son.

‑¿Cómo?

‑Tendrás que ver por ti mismo.

‑Pero, ¿no es cierto que todo en el mundo está a la disposición de cualquiera que lo busque?

‑No, eso no es cierto. Los poderes aliados sólo están a disposición de los brujos, pero cualquiera puede disponer de Mescalito.

Martes, 31 de diciembre, 1963

El jueves 26 de diciembre tuve mi primera experiencia con el aliado de don Juan, el humito. Durante todo el día llevé a don Juan en coche de un lado a otro e hice encargos suyos. Regresamos a su casa al atardecer. Observé que no habíamos comido nada en todo el día. Eso no le preocupaba en absoluto; en cambio, empezó a decir que me era imperativo entrar en confianza con el humito. Dijo que debía experimentarlo yo mismo para ver cuán importante era como aliado.

Sin darme oportunidad de responder nada, don Juan anunció, que en ese preciso momento iba a encenderme su pipa. Intenté disuadirlo, argumentando que no me consideraba listo. Le dije que no sentía haber manejado la pipa el tiempo suficiente. Pero él dijo que no me quedaba mucho tiempo para aprender, y que yo debía usar la pipa muy pronto. La sacó de su funda y la acarició. Sentado en el piso, junto a él, yo trataba frenéticamente de ponerme mal y desmayarme: de hacer cualquier cosa por aplazar este paso inevitable.

Dijo que el humito como aliado era único, y le recordé que también había llamado único a Mescalito. Arguyó que cada uno era único, pero que diferían en especie. ‑Mescalito es un protector porque te habla y puede guiar tus actos ‑dijo-. Mescalito enseña la forma debida de vivir. Y puedes verlo porque está fuera de ti. El humito, en cambio, es un aliado. Te transforma y te da poder sin mostrarse jamás. No puedes hablarle. Pero sabes que existe porque se lleva tu cuerpo y te hace ligero como el aire. No obstante, nunca lo ves. Pero allí está, dándote poder para que lleves a cabo cosas que ni te imaginas, como cuando se lleva tu cuerpo.

‑Su aliado da mucho miedo, don Juan. Lo que sentí no se parecía a nada que yo hubiera experimentado jamás. Creí haber perdido la razón.

Don Juan cambió de pronto el rumbo de la conversación y me enfrentó directamente con la idea de que me gustaba la yerba del diablo. Tuve que admitir que al menos sentía cierta inclinación hacia ella. Me preguntó cómo me sentía con respecto a su aliado, el humito, y tuve que decirle que la sola idea de tener que usarlo me asustaba hasta hacerme perder los sentidos.

En el mes de diciembre, 1964, don Juan y yo fuimos a recolectar las diversas plantas necesarias para hacer la mezcla de fumar. Era el cuarto ciclo. Don Juan se limitó a supervisar mis acciones. Me instaba a no precipitarme, a observar y deliberar antes de cortar cualquiera de las plantas. En cuanto los ingredientes fueron reunidos y almacenados, me sugirió que debía tener un nuevo encuentro con su aliado.

‑No. No puedes pensar así cuando tratas con el poder de los aliados. Esas preguntas no tienen sentido, y eso que volverse cuervo es lo más simple que hay. Es casi como travesura; tiene poca utilidad. Como ya te he dicho, el humito no es para los que buscan poded. Es sólo para quienes anhelan ver. Yo aprendí a volverme cuervo porque son las aves más efectivas de todas. Ninguna otra las molesta, a menos que sean águilas grandes y hambrientas, pero los cuervos vuelan en parvadas y pueden defenderse.

‑¿Un ayudante del otro lado es lo mismo que un aliado?

‑No, un ayudante es la ayuda de un diablero. Un ayudante es un espíritu que vive del otro lado del mundo y ayuda al diablero a causar enfermedad y dolor. Lo ayuda a matar.

‑¿Puede un diablero tener también un aliado, don Juan?

‑Por supuesto, si son los diableros los que tienen aliados, pero antes de que un diablero pueda domar a un aliado, el diablero acostumbra tener un ayudante que lo auxilie en sus tareas.

‑¿Y la mujer que tomó su forma, don Juan? ¿Tiene sólo ayudante y no aliado?

‑No sé si tenga aliado o no. A algunas personas no les gusta el poder de un aliado y prefieren un ayudante. Domar un aliado es trabajo duro. Sale más fácil conseguir un ayudante del otro lado.

‑¿Piensa usted que yo podría conseguir un ayudante?

‑Para saberlo, tienes que aprender mucho más. Estamos otra vez al principio, casi como el primer día que viniste a pedirme hablar de Mescalito, y yo no podía porque no me habrías entendido ni una palabra. Ese otro lado es el mundo de los diableros.

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Dark-paradise-1s

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